La respuesta corta es que no necesariamente. Y hay un caso en el que la respuesta es directamente no: más vale no tener perfil que tener uno abandonado.
Este artículo ayuda a decidir en qué canales tiene sentido estar y en cuáles no. Si lo que buscas es captar clientes con campañas de pago, es lo que hacemos en publicidad en Google y redes.
La respuesta corta es que no necesariamente. Y hay un caso en el que la respuesta es directamente no: más vale no tener perfil que tener uno abandonado.
Un perfil con la foto de portada del día que se creó y la última publicación de hace tres años no es neutro. Dice a quien lo encuentra que la empresa no está muy al tanto, o peor, que a lo mejor ya no está.
Las tres preguntas antes de abrir nada
1. ¿Está ahí tu cliente?
No «hay mucha gente», sino «está la gente que me compra». Un taller que trabaja para constructoras y una tienda de ropa no tienen el mismo público ni de lejos, y la red donde uno pierde el tiempo es donde el otro vende.
La forma barata de averiguarlo es preguntar a cinco clientes actuales dónde miran cuando buscan un proveedor como tú. Las respuestas suelen sorprender, y casi nunca son la red que uno tenía en mente.
2. ¿Tienes algo que contar cada semana?
Con honestidad. Publicar exige material: trabajos terminados, procesos, respuestas a dudas frecuentes, novedades reales. Si tu actividad no genera nada de eso de forma natural, mantener un canal se convierte en inventar contenido para rellenar, y eso se nota.
3. ¿Quién lo va a hacer, con nombre y apellidos?
La pregunta que decide. «Ya lo llevaremos entre todos» significa que no lo lleva nadie a partir del mes dos. Si no hay una persona con ese rato asignado en su semana, la respuesta a si abrir el perfil es no.
Para un negocio local, quien te busca lo hace desde aquí. Ahí es donde primero hay que estar bien.
Página de empresa, no perfil personal
Es un error habitual y tiene consecuencias. Un perfil personal está pensado para una persona: limita el número de contactos, no da estadísticas, no permite anunciarse y, si la cuenta se cierra o se pierde el acceso, se pierde todo.
Una página de empresa permite varios administradores, ofrece datos de alcance, se puede promocionar y sobrevive a que se marche quien la creó. Y sobre todo: es de la empresa, no de la persona que la abrió. Merece la pena comprobar quién es hoy el administrador de vuestras páginas; es de esas cosas que se descubren tarde.
Lo que suele rendir más que cualquier red social
Para un negocio que trabaja en una zona, el canal que más llamadas trae no suele ser una red social: es la ficha de empresa en Google, la que aparece con el mapa cuando alguien busca desde el móvil.
Es gratis, se tarda menos en tenerla decente que en preparar una semana de publicaciones y responde justo a quien ya está buscando lo que vendes. Lo mínimo: categoría correcta, horario real, teléfono que alguien coge, fotos propias y no de banco de imágenes, y respuesta a todas las reseñas, también a las malas.
Si tu empresa depende de la zona, empieza por ahí antes que por ningún perfil. Está relacionado con lo que contamos en posicionamiento SEO.
Qué canal para qué negocio
Vendes a otras empresas. LinkedIn es el sitio, y funciona más por lo que publican las personas del equipo que por lo que publica la página. Exige constancia y no da resultados rápidos.
Vendes un producto que entra por los ojos. Instagram, y su versión útil es enseñar el trabajo hecho, no frases motivadoras sobre fondo de color.
Negocio local de trato directo. La ficha de Google primero. Facebook sigue teniendo sentido en según qué públicos y zonas.
Servicio técnico o especializado. Antes que abrir un perfil, escribir en tu propia web: un artículo que responde una duda real trabaja durante años, y una publicación dura dos días.
Lo prestado y lo propio
Hay una diferencia que conviene tener clara: en una red social construyes sobre terreno alquilado. Las reglas de quién ve lo que publicas las decide otro y pueden cambiar de un día para otro; una cuenta se puede suspender por error y recuperar el acceso puede ser imposible.
Tu web y tu lista de contactos son tuyas. Lo sensato es usar las redes para llegar a gente nueva y llevarla a terreno propio, no al revés. Una empresa cuyo único escaparate es un perfil de Instagram tiene su negocio alojado en casa de otro.
Si sólo puedes sostener uno
Es la situación más habitual en una empresa pequeña, y la respuesta es clara: uno bien vale más que tres a medias.
Elige el canal donde esté tu cliente, publica con la frecuencia que puedas sostener en tu peor mes —aunque sea cada quince días— y responde siempre a quien escribe. Un canal con poco movimiento pero vivo, donde alguien contesta, funciona. Tres canales llenos de silencio, no.
Cómo saber si te está sirviendo de algo
Los seguidores y los «me gusta» no son el resultado: son el ruido que hay antes del resultado. Lo que conviene mirar cada trimestre son dos cosas, y las dos se pueden medir gratis:
Cuánta gente entra en tu web desde ese canal y qué hace al llegar. Cualquier herramienta de analítica lo dice.
Cuántas peticiones vienen de ahí. La forma más barata de saberlo es preguntarlo en el formulario o al teléfono: «¿cómo nos has encontrado?».
Si después de seis meses publicando la respuesta es «ninguna», el canal no es el tuyo, o el contenido no es el que espera quien está ahí. Cerrar esa puerta y poner ese rato en la web propia suele rendir más que insistir.
Y si decides no estar
Es una decisión perfectamente válida y hay empresas que viven muy bien de recomendaciones y de aparecer en buscadores. Si es tu caso, hazlo con orden:
Cierra o vacía los perfiles abandonados en lugar de dejarlos ahí. Si prefieres conservar el nombre, deja la página con la información básica al día y sin fingir actividad.
Que la web y la ficha de Google estén impecables, porque van a cargar con todo.
Revísalo una vez al año. Lo que hoy no compensa puede compensar cuando cambie tu público.
Si no tienes claro por dónde te llegan hoy los clientes, cuéntanoslo y lo miramos. Cuando lo que hace falta no es abrir un canal más sino arreglar la web que ya tienes, lo decimos.
Publicado en noviembre de 2015. Revisado y reescrito en agosto de 2026.
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