Usabilidad no es que la web sea bonita: es que quien entra consiga hacer lo que venía a hacer sin esfuerzo. Se nota poco cuando está bien y muchísimo cuando está mal.
Este artículo repasa lo que hace que una web se use bien y cómo comprobarlo sin gastar dinero. Si quieres que lo miremos en la tuya, forma parte de lo que hacemos en diseño web corporativo.
Usabilidad no es que la web sea bonita. Es que quien entra consiga hacer lo que venía a hacer sin esfuerzo y sin preguntarse nada.
Se nota poco cuando está bien y se nota muchísimo cuando está mal, casi siempre en forma de gente que se va sin dejar rastro.
La velocidad es la primera regla de usabilidad
Antes que el menú, que los colores y que los textos. Una web que tarda pierde visitas que nunca llegaron a ver nada, y el que más sufre es quien entra desde el móvil con cobertura regular, que es media España fuera de casa.
Lo que más pesa suele ser lo mismo en todos los sitios:
Imágenes subidas tal cual salieron de la cámara. Una foto de cuatro megas para mostrarla a 800 píxeles de ancho. Es, con diferencia, la causa número uno.
Tipografías y scripts de terceros que se cargan antes de que se vea nada.
Plugins acumulados, cada uno con su hoja de estilos y su script, muchos en páginas donde no hacen nada.
Vídeos de fondo en la portada, que suelen pesar más que el resto de la web junta.
Y un detalle que se pasa por alto: que la página no salte mientras carga. Cuando el contenido se recoloca y el botón se mueve justo al ir a pulsarlo, eso es un fallo de usabilidad medible.
Que se entienda en diez segundos a qué te dedicas
Es la prueba más barata que existe. Enseña tu portada a alguien de fuera durante diez segundos, quítala y pregúntale a qué se dedica esa empresa. Si duda, el problema no es el diseño: es el mensaje.
Los tres culpables habituales son un titular que no dice nada («Soluciones a tu medida»), un carrusel que cambia antes de que dé tiempo a leerlo, y una portada que habla de la empresa en lugar de hablar del problema del visitante. Lo desarrollamos en qué tiene que decir la web de tu empresa.
La navegación: menos opciones, mejor
Un menú con quince entradas no ayuda al visitante: le hace elegir. Algunas reglas que se sostienen:
Pocas entradas de primer nivel, con nombres que digan lo que hay detrás. «Servicios» está bien; «Soluciones» no dice nada.
Nada a más de tres clics. Si algo importante está más lejos, no está.
El logotipo lleva a la portada. Todo el mundo lo intenta; que funcione.
Un buscador si hay mucho contenido, y que devuelva algo útil.
Que se sepa siempre dónde estás. Una migaja de pan o un apartado marcado en el menú.
Si la web solo se ha probado en el ordenador del que la hizo, no se ha probado.
El móvil no es la versión pequeña: es la principal
En la mayoría de webs de empresa, más de la mitad de las visitas llegan desde el móvil. Aun así se sigue diseñando primero para pantalla grande y adaptando después, y eso deja huellas reconocibles:
Botones y enlaces tan juntos que se pulsa el de al lado.
Texto que obliga a ampliar para leerlo.
Tablas que se salen de la pantalla.
Ventanas emergentes que ocupan todo y cuya aspa no se ve.
El teléfono escrito como texto en lugar de como enlace, así que no se puede llamar tocándolo.
Los formularios, donde se cae la conversión
Es el punto donde la web tiene que dar resultado, y donde más se estropea:
Pide solo lo que vas a usar. Cada campo de más reduce el número de envíos. Si el CIF no lo necesitas para responder, no lo pidas.
Explica los errores donde ocurren y en cristiano. «Revise el formulario» no ayuda a nadie.
No borres lo escrito cuando algo falla.
Teclado correcto en móvil: numérico para el teléfono, con arroba para el correo.
Di qué pasa después. «Te contestamos en 24-48 h laborables» tranquiliza más que «Enviado».
Accesibilidad: ya no es solo buena práctica
Una web accesible es una web que también funciona para quien no ve bien, no oye, no usa ratón o navega con lector de pantalla. Es más gente de la que se piensa, y casi todo lo que la beneficia mejora la experiencia de los demás.
Además ha dejado de ser voluntario para una parte del tejido empresarial: desde junio de 2025, la normativa europea de accesibilidad alcanza al comercio electrónico y a otros servicios digitales, con excepciones para las empresas más pequeñas. Merece la pena comprobar si te afecta antes de que te lo pregunten.
Lo básico se resuelve con poco:
Contraste suficiente entre el texto y el fondo. El gris claro sobre blanco queda muy elegante y no se lee.
Texto alternativo en las imágenes que aportan información.
Poder recorrer la web con el tabulador, viendo dónde está el foco.
Encabezados en orden, que no se usen por el tamaño de letra que dan.
Enlaces que digan a dónde llevan. «Haz clic aquí» no le sirve a nadie.
Cómo probarlo sin gastar un euro
No hace falta un laboratorio. Coge a cinco personas que no conozcan la web, dales una tarea concreta —«averigua cuánto tarda un pedido», «encuentra el teléfono»— y cállate mientras lo intentan. Esa es la parte difícil y la que da el valor.
Con cinco personas salen la mayoría de los problemas gordos. Y apunta lo que hacen, no lo que dicen: la gente es amable y dirá que está muy bien mientras da vueltas sin encontrar nada.
Los errores que más se repiten
Un carrusel en la portada. Casi nadie ve más allá de la primera imagen y muchos ni esa.
Ventana emergente nada más entrar, antes de haber dado ningún motivo para quedarse.
Texto en imágenes. No se puede seleccionar, no se lee en un lector de pantalla y no lo indexa nadie.
Buscar el teléfono como quien busca un tesoro. Si vendes por teléfono, que se vea.
Escribir para uno mismo. Jerga del sector en una web dirigida a quien no es del sector.
Por dónde empezar
Con las dos cosas que más rinden y menos cuestan: comprimir las imágenes y la prueba de los diez segundos. Con eso solo, la mayoría de webs de empresa mejoran de forma visible.
Si quieres que lo revisemos con calma, cuéntanos cuál es tu web. Cuando lo que hace falta es un ajuste y no rehacerla, lo decimos.
Publicado en marzo de 2016. Revisado y reescrito en agosto de 2026.
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