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Rehacer la web de tu empresa: qué conservar y qué tirar

Cuando ya tienes web, el riesgo no es que la nueva quede fea: es que quede bien y aun así pierdas lo que la anterior te daba. Esto es lo que conviene decidir antes de encargar el trabajo.

Dos personas planificando sobre papel la estructura de una web, con portatiles sobre la mesa

Rehacer la web de una empresa se parece poco a hacerla por primera vez. Cuando no hay nada, cualquier cosa es mejor que nada. Cuando ya existe, hay diez años de direcciones indexadas, textos que alguien escribió por algo y páginas que traen visitas sin que nadie sepa cuáles son. El riesgo no es que la web nueva quede fea: es que quede bien y aun así pierdas lo que la vieja te daba.

Esto es lo que conviene decidir antes de encargar el trabajo. Lo escribimos después de rehacer la nuestra, que es donde se aprenden estas cosas: cometiendo los errores en casa.

Antes de tocar nada: mide lo que tienes

Es el paso que casi todo el mundo se salta, y el único que no se puede recuperar después. Cuando la web nueva esté publicada, ya no hay forma de saber cómo era la anterior.

Hacen falta tres cosas, y las tres se sacan en una tarde:

  • La lista de tus direcciones actuales. Todas, no las del menú. Una web con años arrastra páginas que ya nadie enlaza y que siguen recibiendo visitas desde Google.
  • Qué páginas traen esas visitas. Search Console te lo da gratis. Sin esto vas a rehacer a ciegas y es fácil cargarse justo la página que funcionaba.
  • De dónde vienen los clientes que ya te escriben. Formulario, teléfono, WhatsApp. Si no lo sabes, la web nueva no te va a decir si mejora o empeora.

Guarda esos tres datos en algún sitio fuera de la web. Son la única referencia que vas a tener para saber si el cambio ha ido bien.

Lo que se conserva no es el diseño: son las direcciones

Aquí está el error que más caro sale, y el más frecuente.

Cada página de tu web tiene una dirección. Google lleva años acumulando confianza sobre cada una de ellas, y otras webs las han enlazado. Si la web nueva cambia esas direcciones sin avisar a nadie, todo ese trabajo se queda apuntando al vacío: quien pinche llega a un error, y Google deja de mandar a nadie.

La solución es sencilla y hay que exigirla por escrito antes de empezar: una redirección permanente desde cada dirección vieja a la nueva que la sustituye. No a la portada. A la que trata de lo mismo, que es lo que espera quien pinchó.

Dos detalles que separan un trabajo hecho de uno a medias:

  • Sin encadenar. Si la página A redirige a la B y la B a la C, cada salto pierde algo. Que cada dirección vieja apunte directamente a su destino final.
  • Sin excepciones cómodas. Las direcciones raras, las de la web de hace tres rediseños, las que nadie recuerda por qué existen. Esas son justo las que llevan más tiempo indexadas.

Si el presupuesto que te pasan no menciona las redirecciones, no es que se les haya olvidado escribirlo: es que no está previsto hacerlo.

Qué se tira y qué se reescribe

Una web vieja tiene contenido de tres tipos, y cada uno pide una decisión distinta.

Lo que sigue siendo cierto se queda y se actualiza. Un artículo de hace ocho años sobre algo que no ha cambiado vale más que uno nuevo: lleva años ganándose su posición.

Lo que ya no es cierto se reescribe entero o se retira. Y retirar no es borrar: la dirección tiene que seguir respondiendo con una redirección a lo más parecido que tengas. Ojo aquí con lo que envejece sin avisar, que son las ofertas. Una promoción publicada sin fecha de caducidad sigue viva años después, y alguien puede aparecer reclamándola.

Lo que nunca aportó nada se va. Las páginas de relleno, las notas de tres líneas, lo que se publicó para tener algo publicado. Cuestan credibilidad y no traen a nadie.

Un criterio que funciona: si no lo enseñarías a un cliente en una reunión, no lo tengas publicado.

El portfolio es donde más se miente sin querer

Casi todas las webs de servicios tienen una sección de trabajos, y casi todas tienen el mismo problema: enlaces a webs que ya no existen, empresas que cerraron y proyectos que hoy no enseñarías.

Cada uno de esos enlaces dice de ti lo contrario de lo que pretende. Antes de publicar el portfolio nuevo, ábrelos uno a uno. Los dominios caen, los clientes rehacen sus webs y las empresas cierran, y nadie te avisa.

Y sobre lo que se cuenta en cada ficha: describe qué construiste y qué problema resolvía, no a qué se dedica el cliente. Su actividad ya la cuenta su web. La tuya tiene que explicar qué aportaste tú. Es la diferencia entre un catálogo de logotipos y algo que ayude a decidir.

Velocidad y móvil: qué exigir sin entender de esto

No hace falta saber de tecnología para comprobar lo esencial. Abre la web en tu móvil, con datos y no con wifi, y mira dos cosas: cuánto tarda en verse algo y si puedes leer sin ampliar. La mayoría de tus visitantes va a llegar exactamente así.

Lo que sí conviene pedir por escrito en el presupuesto:

  • Imágenes optimizadas. Una foto de cámara pesa varios megas; en la web tiene que pesar una fracción de eso sin que se note al verla.
  • Certificado de seguridad. El candado del navegador. Sin él, el navegador avisa al visitante de que tu web no es segura.
  • Que se pueda actualizar sin llamar a nadie. Cambiar un teléfono, subir una foto o publicar una entrada no debería costar una factura.

Ese último punto decide más de lo que parece. Una web que solo puede tocar quien la hizo se queda desactualizada el día que esa persona deja de responder.

Qué preguntar antes de firmar

Cuatro preguntas que ordenan cualquier presupuesto:

  1. ¿Quién es el dueño del dominio y del alojamiento? Tienen que estar a nombre de tu empresa. Si están a nombre del proveedor, cambiar de proveedor deja de ser una decisión tuya.
  2. ¿Están incluidas las redirecciones de todas las direcciones actuales? Por escrito, con esas palabras.
  3. ¿Qué pasa después de publicarla? Copias de seguridad, actualizaciones y a quién se llama cuando algo falla un viernes. Eso es mantenimiento web, y o está previsto o no existe.
  4. ¿Qué puedo cambiar yo sin ayuda? Que te lo enseñen antes de firmar, no después de entregar.

Las primeras semanas: qué vigilar

Publicar no es terminar. Durante el primer mes conviene revisar tres cosas, y las tres son gratis:

  • Errores 404 en Search Console. Si aparecen direcciones antiguas, es que falta una redirección. Se arregla en minutos si se detecta pronto.
  • Que las visitas no se hundan. Una bajada leve las primeras semanas es normal mientras Google reordena. Una caída fuerte y sostenida significa que algo se rompió.
  • Que los formularios lleguen. Pruébalos tú mismo desde el móvil. Es el fallo más caro y el más silencioso: nadie te va a escribir para avisarte de que no puede escribirte.

Lo que aprendimos rehaciendo la nuestra

Tres cosas que no esperábamos, y que probablemente te pasen a ti también.

El contenido viejo da más trabajo que el diseño. Decidir qué se queda, qué se reescribe y qué se retira lleva más tiempo que maquetar. Y no se puede delegar entero: quien decide tiene que conocer el negocio.

Las direcciones olvidadas eran muchas más de las que creíamos. No las del menú: las de versiones anteriores del sitio, las de secciones que dejaron de existir. Aparecen cuando se buscan a propósito, y cada una que no se redirige es una puerta que se cierra.

Lo que se toca a mano se pierde. Un cambio hecho directamente en el servidor, sin dejar rastro, funciona hasta la siguiente actualización y entonces desaparece sin que nadie sepa por qué. Todo lo que importa tiene que estar escrito en algún sitio que sobreviva al despliegue siguiente.

Por dónde empezar

Si estás pensando en rehacer la tuya, el orden que menos disgustos da es este: primero mide lo que tienes, después decide qué contenido sobrevive, y solo entonces habla de diseño. Al revés se llega a una web bonita que rinde menos que la anterior, y cuando se nota ya es tarde para saber qué se perdió.

Nosotros hacemos diseño web corporativo y desarrollo web a medida para empresas de Cartagena y la Región de Murcia, y llevamos también la parte que menos se enseña: las redirecciones, el contenido que se hereda y el mantenimiento posterior.

Si tienes una web que se ha quedado atrás y no sabes por dónde empezar, escríbenos y lo miramos juntos. La primera conversación es para entender qué tienes, no para venderte nada.

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